19 septiembre 2014

 
Voto de Castidad

Existe una castidad a la que está llamada toda persona: es el orden y equilibrio de la propia persona, es la capacidad de usar todas las facultades –sin excluir la hermosa facultad de la sexualidad- como un medio del don de sí mismo. Vivir castamente es una necesidad que pertenece a la intimidad de la persona humana, hecha a imagen de Dios, ya que Dios por definición es Amor y don de Sí. ˇCuánto más nuestra vida sea un espejo de esta imagen divina, tanto más somos verdaderos hombres y mujeres!

Hay además un llamado especial de Jesús que constituye un “nuevo estilo de vida”: la Castidad perfecta por el Reino de los Cielos. Es esta motivación por el Reino de los Cielos que proyecta un haz luminoso sobre el voto de castidad:
Porque el Reino de Dios está en medio de nosotros y la salvación final opera en el mundo, luego entonces es posible que algunas personas, llamadas por Dios, elijan desde ahora vivir como se vive en la condición final del Reino. Se trata de una existencia profética” (P. Rainero Cantalamessa).

Es un don que el Seńor hace a quien Él quiere, para el bien de la Iglesia y de la entera humanidad.
No se trata de una renuncia a ser plenamente mujer, ni es incapacidad de amar. No es ir “contra natura”, o mejor es ir contra la naturaleza corrompida para reencontrar la verdadera naturaleza humana, que no es un simple conjunto de células. Se trata de una realidad superior cuya grandeza se comprende si se piensa a lo que todo hombre está llamado: la vida eterna. La castidad perfecta por el Reino de los Cielos es una llamada de atención a todos sobre la vocación fundamental que afecta a todo hombre: su llamada a la vida eterna.

Con esta certeza, y con el corazón desbordante de gratitud y de gozo, nosotras las Hijas de san José emitimos el voto de castidad para toda la vida.

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